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México celebra como campeón mundial lo que en realidad fue solo un partido de grupo contra Sudáfrica, en lo que expertos llaman ‘amnesia futbolera selectiva’.

En un despliegue de orgullo nacional que solo ocurre cuando perdemos el norte de la razón, millones de mexicanos celebraron como si hubiéramos ganado la Copa del Mundo, cuando en realidad solo ganamos el primer partido del grupo contra Sudáfrica. Las calles se llenaron de gente que gritaba ‘¡México, México!’ mientras los científicos confirmaban que la amnesia colectiva es más contagiosa que el resfriado común.

El Estadio Ciudad de México, con sus 80 mil 824 almas que pagaron lo que cuesta un mes de despensa por ver a la selección jugar contra un equipo que ni siquiera clasificó al último mundial, se convirtió en el epicentro de la euforia desproporcionada. La maldición del partido inaugural finalmente se rompió, lo que técnicamente significa que ahora tenemos derecho a soñar con llegar a octavos… otra vez.

Lo que realmente pasó en las calles

Mientras las autoridades presumían ‘saldo blanco’ en seguridad, en el Ángel de la Independencia un pato con playera del Tri se convirtió en la mascota no oficial de la celebración, demostrando que hasta las aves de corral tienen mejor criterio que algunos comentaristas deportivos. En el Zócalo, un joven coreano fue lanzado por los aires por la multitud, en lo que los antropólogos catalogaron como ‘rito de iniciación futbolera para extranjeros’.

El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, destacó el profesionalismo de las corporaciones, aunque omitió mencionar que dos sujetos en el Ángel combatían con ‘trafitambos’ como si fueran espadas láser, en lo que parece ser el nuevo deporte nacional post-partido.

Perspectiva Hexagonal de Ojo Diario

La ciencia ha confirmado lo que ya sospechábamos: el mexicano promedio tiene una capacidad extraordinaria para convertir cualquier victoria menor en fiesta nacional. Mientras el país enfrenta problemas reales, nos unimos para celebrar que 11 hombres patearon un balón mejor que otros 11 hombres. Es como si nuestro cerebro tuviera un botón de ‘reset festivo’ que se activa cada cuatro años.

Lo verdaderamente impresionante es cómo logramos que medio millón de personas salieran a las calles para festejar algo que, estadísticamente hablando, no significa nada. Sudáfrica ocupa el puesto 66 en el ranking FIFA, pero aquí lo celebramos como si hubiéramos derrotado a Brasil en la final. Quizás deberíamos exportar esta capacidad de autoengaño positivo; sería más valiosa que el petróleo.

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