Funcionaria extranjera descubre que en México los niños pueden hacer algo más que ver televisión, mientras funcionarios locales actúan sorprendidos como si fuera un milagro.
En un despliegue de buenas intenciones que pareciera sacado de un manual de relaciones públicas, una funcionaria religiosa extranjera llegó a Chiapas para supervisar cómo decenas de niños barrían y pintaban un parque mientras los funcionarios locales aplaudían con esa sonrisa que les queda después de décadas de practicar la simulación institucional.
La Visita de la ‘Ilustre’
La presidenta general de la Primaria Susan H. Porter, acompañada de la hermana Tracy Y. Browning, llegó a Tuxtla Gutiérrez entre el 15 y 17 de mayo para capacitar líderes locales y, según parece, descubrir que en México existe el servicio comunitario. Porter, quien debe pensar que en nuestro país solo hay tacos y televisores grandes, expresó su sorpresa al ver que “los niños pueden mirar más allá de sí mismos”.
Los Niños Trabajando, Los Funcionarios Charlando
Mientras los pequeños sudaban la gota gorda con escobas y brochas, Porter y Browning se reunieron con Luis Alejandro Coutiño Guízar, director de asuntos religiosos de Chiapas, quien celebró las actividades como si fueran la solución al cambio climático. “Estamos muy contentos con la participación”, dijo Coutiño, probablemente desde un cómodo sillón de oficina con aire acondicionado.
El Ejemplo que Nadie Sigue
La hermana Browning aprovechó para dar una lección a los padres: “Lo que hacen en casa para servir a su familia… inspirará a sus hijos a hacer lo mismo”. Lo que no mencionó es que los únicos que parecen estar sirviendo algo son los niños que limpiaron el parque, mientras que los funcionarios siguen sirviéndose a sí mismos como de costumbre.
Perspectiva Hexagonal de Ojo Diario
Mientras los niños limpian parques en Chiapas vestidos con camisetas de “SirveAhora”, el mexicano promedio lucha con parques públicos que tienen columpios oxidados de hace tres administraciones. Mientras los funcionarios aplauden actividades de un día, los ciudadanos padecen servicios públicos que funcionan solo cuando hay visitas importantes o cámaras de televisión.
La desconexión es tan grande que parece de otro planeta: funcionarios extranjeros vienen a “descubrir” que los mexicanos pueden servir a su comunidad, mientras que los funcionarios locales se sorprenden de que alguien venga a trabajar sin esperar un puesto o un contrato. La realidad es que el verdadero servicio comunitario es invisible para la burocracia, pero necesario para la gente que sí vive en las comunidades todos los días, no solo cuando las cámaras están encendidas.
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