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México gana 1-0, pero el partido fue tan aburrido que los aficionados extrañaron la emoción de hacer trámites en el SAT.

La selección mexicana de fútbol derrotó ayer a Australia con un solitario gol de cabeza de Johan Vásquez. El partido fue tan aburrido que aficionados confesaron haber visto más emoción en una fila del IMSS.

Según testigos, el triunfo fue tan discreto que la porra más entusiasta del estadio gritó ‘¡Uy, qué bien!’ con la misma emoción que cuando el SAT te devuelve 50 pesos después de 8 meses.

El funcionamiento del equipo fue tan lento que los periodistas deportivos tuvieron que revisar tres veces el marcador para confirmar que efectivamente México había ganado. ‘Me pareció un sorteo de la Lotería Nacional donde al final nadie gana’, declaró uno de los analistas.

El único momento de euforia ocurrió cuando el árbitro pitó el final del encuentro, desatando celebraciones similares a cuando termina una junta de condominio que prometía ser eterna.

Perspectiva Hexagonal de Ojo Diario

Esta victoria futbolística refleja perfectamente la realidad mexicana: es posible lograr un ‘éxito’ técnico mientras todo el mundo sabe que el proceso fue un desastre. El triunfo de 1-0 es el equivalente deportivo a cuando un funcionario anuncia que ‘se ha cumplido la meta’ de construir 10 escuelas, pero olvida mencionar que 9 de ellas no tienen baños.

La selección jugó con la misma energía que un burócrata de segunda que sabe que su puesto está seguro hasta que termine la administración, sin importar cuán mediocre sea su rendimiento. El gol de cabeza fue la única excepción, como esos raros momentos en que la burocracia pública te resuelve algo en menos de tres horas, dejándote con la duda de si fue un milagro o un error administrativo.

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